Chile: Mi viaje favorito

See on Scoop.itSenderismo en América Latina

Como fan del trekking, en 1998, realicé mi primera gran aventura en solitario. Con una mochila de 85 litros en mis espaldas, partí a conocer el famoso volcán Villarica de Chile, un paisaje que siempre me había despertado fascinación.

 

Los guardaparques me indicaron por dónde tenía que desfilar usando como guía unas marcas en piedras y árboles pintados con una pintura iridiscente. El circuito rodeaba el Villarrica y caminé un día entero por senderos que atravesaban quebradas y bosques bajo las sombras de araucarias y un arbusto muy pintoresco llamado Colihue, que a veces supera los siete metros de altura.

 

Esa noche el paisaje me devolvía a dos mil metros de altura, las luces lejanas de varios pueblos de los valles.

Al otro día seguí el camino aunque perdí las marcas. Conclusión: estuve tres días perdido.
Sin saberlo en aquel momento estaba caminando por el histórico deslave del volcán, producido por una famosa erupción – 30 de octubre de 1984 – que dejó su boca descubierta por varios años. No lo sabía, pero mis zapatillas pisaban un tipo muy particular de arenisca que forma una fina capa sobre fumarolas escondidas, o sea, que podría haberme caído en cualquiera de las docenas de cuevas tapadas. La superficie de aquellas piedras crujía bajo mis pies, como si caminara sobre vidrio molido.

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